El libro El valor de educar de Fernando Savater (1997) constituye un ensayo filosófico-pedagógico que defiende la educación como el acto esencial que nos constituye como humanos, una tarea que requiere optimismo, coraje y responsabilidad social. A través de un análisis humanista, Savater enfatiza que la educación es un proceso de humanización que se realiza a través de la interacción con los demás, no meramente una acumulación de conocimientos. Esta visión se apoya en la idea de neotenia, según la cual el ser humano nace inmaduro y requiere de un “segundo nacimiento” social y cultural para alcanzar su plenitud (Savater, 1997, pp. 12-13). Sin embargo, desde las perspectivas pedagógicas actuales, esta concepción, aunque valiosa, presenta ciertas tensiones y limitaciones.
Savater critica agudamente la desvalorización social del magisterio y la paradoja de que, mientras se exige a la escuela que solucione todos los males sociales, se menosprecia a quienes la hacen posible (Savater, 1997, pp. 6-7). Este diagnóstico sigue vigente, pero hoy se enmarca en discusiones más amplias sobre la precarización laboral docente y la mercantilización de la educación (Apple, 2018). Su defensa de un optimismo pedagógico como actitud rigurosa (Savater, 1997, p. 10) es inspiradora, pero podría ser matizada a la luz de teorías que incorporan una mirada crítica sobre las estructuras de poder que condicionan el acto educativo (Freire, 1970; Bourdieu & Passeron, 1977).
Una de las contribuciones más sólidas del autor es su rechazo a la dicotomía educación versus instrucción, arguyendo que no se puede educar sin instruir ni viceversa (Savater, 1997, p. 23). En su lugar, propone la distinción entre capacidades “cerradas” (dominables) y “abiertas” (de desarrollo infinito), siendo la capacidad de aprender la más importante de las segundas (Savater, 1997, p. 24). Esta idea encuentra eco en enfoques contemporáneos como el aprendizaje a lo largo de la vida y la educación basada en competencias (Delors, 1996), aunque Savater la vincula más a una formación humanista integral que a la adaptabilidad laboral.
No obstante, el texto presenta ciertas contradicciones y puntos discutibles. Savater aboga por una autoridad pedagógica basada en el “amoroso crecimiento” y rechaza la dimisión familiar y escolar de esta función (Savater, 1997, pp. 30-31, 48). Si bien su postura busca equilibrar firmeza y afecto, su conceptualización de la autoridad y el miedo como “vacuna” formativa (Savater, 1997, p. 31) puede leerse como una legitimación de estructuras verticales, en tensión con modelos más democráticos y horizontales como la pedagogía crítica o la educación dialógica (Freire, 1970; hooks, 1994). Además, su crítica a la “pedantería pedagógica” (Savater, 1997, pp. 54-55) y a la jerga educativa es pertinente, pero a veces raya en un desdén por la especialización didáctica, ignorando aportes valiosos de la investigación educativa contemporánea.
Savater también analiza el “eclipse de la familia” como agente socializador y el papel sustitutivo de la escuela y la televisión (Savater, 1997, pp. 27-34). Su diagnóstico es lúcido, pero su solución —una recuperación de la autoridad paterna “maternizada”— (Savater, 1997, p. 32) resulta simplista frente a la complejidad de las estructuras familiares actuales y la necesidad de corresponsabilidad social en la crianza (García & De Botton, 2021). Asimismo, su tratamiento de temas como la violencia, las drogas y la sexualidad (Savater, 1997, pp. 38-40) peca de cierto moralismo ilustrado, que aunque bienintencionado, no siempre se alinea con enfoques basados en evidencia y reducción de daños (UNODC, 2019).
Finalmente, en su defensa de las humanidades, Savater alerta sobre la crisis de la razón y el relativismo posmoderno (Savater, 1997, pp. 58-60), postulando la búsqueda racional de la verdad como núcleo de la educación humanista. Esta postura, sin embargo, puede ser cuestionada desde perspectivas decoloniales y multiculturales que problematizan la razón occidental como único paradigma válido (Mignolo, 2011). Su llamado a educar para la universalidad (Savater, 1997, cap. 6) es noble, pero requiere hoy ser repensado en clave de ciudadanía global, interculturalidad y justicia social (Banks, 2016).
En síntesis, El valor de educar ofrece una defensa apasionada y humanista de la educación como pilar civilizatorio, con reflexiones profundas sobre la condición humana, el rol docente y los fines de la enseñanza. No obstante, su análisis adolece de una mirada a veces nostálgica y eurocéntrica, que no siempre dialoga con las complejidades del mundo actual ni con las aportaciones de la pedagogía crítica, social y cultural más reciente. Rescatar su obra implica, pues, leerla con admiración crítica, reconociendo sus aciertos fundacionales pero también sus limitaciones a la luz de los debates educativos del siglo XXI.
Referencias
- Apple, M. W. (2018). Ideología y currículo. Ediciones Akal.
- Banks, J. A. (2016). Educación para la ciudadanía global. Ediciones Morata.
- Bourdieu, P., & Passeron, J. C. (1977). La reproducción: Elementos para una teoría del sistema de enseñanza. Editorial Laia.
- Delors, J. (1996). La educación encierra un tesoro. UNESCO.
- Freire, P. (1970). Pedagogía del oprimido. Siglo XXI Editores.
- García, L., & De Botton, L. (2021). Nuevas familias, nuevos desafíos educativos. Editorial Graó.
- hooks, b. (1994). Enseñar a transgredir: La educación como práctica de la libertad. Routledge.
- Mignolo, W. D. (2011). The Darker Side of Western Modernity: Global Futures, Decolonial Options. Duke University Press.
- Savater, F. (1997). El valor de educar. Editorial Ariel.
- UNODC. (2019). Enfoques de reducción de daños en políticas de drogas. Naciones Unidas.
¿Qué tan útil fue esta publicación?
¡Haz clic en una estrella para calificarla!
Calificación promedio 4 / 5. Votos: 15
¡Sin votos todavía! Sé el primero en calificar esta publicación.











