Evaluar para comprender

Repensando la evaluación educativa en presencialidad y virtualidad.

La evaluación educativa ha estado históricamente ligada a imágenes de control, castigo o calificación numérica, lo que ha limitado su potencial como herramienta para el aprendizaje. Desde una didáctica de orientación clínica (Souto, 2016), es posible replantearla como una práctica situada, es decir, como un entramado que integra dimensiones técnico-instrumentales, psicosociales y emocionales (Di Matteo, 2020). Esta concepción permite trascender el paradigma clásico, que se limita a la medición de logros, para avanzar hacia un enfoque comprensivo y formativo.

En su dimensión técnico-instrumental, la evaluación requiere analizar la coherencia entre contenidos, métodos de enseñanza e instrumentos empleados, así como la explicitación de criterios que guíen el juicio docente. En su mirada psicosocial, implica reconocer que cada instancia de evaluación es un encuentro intersubjetivo donde intervienen relaciones de poder, comunicación y liderazgo. Finalmente, desde la perspectiva emocional, supone identificar y gestionar las emociones —conscientes e inconscientes— que emergen en la interacción evaluativa, tanto en estudiantes como en docentes (Morin, 1994; Ardoino, 2005).

El contraste entre la evaluación sumativa y la formativa es clave. Mientras la primera se enfoca en emitir juicios finales (Camilloni, 1998), la segunda busca retroalimentar el proceso de aprendizaje, facilitando que los estudiantes reconozcan logros y áreas de mejora. No obstante, incluso la evaluación formativa, en muchos contextos, continúa restringida a procesos técnicos y cognitivos, dejando de lado las dimensiones afectivas y sociales que condicionan el aprendizaje (Black & Wiliam, 2009).

La noción de evaluación como trama de significados (Di Matteo, 2020) introduce un enfoque complejo y multirreferenciado (Morin, 1994), en el que la evaluación no es separable de la enseñanza, las experiencias previas de los sujetos y el vínculo emocional que establecen con el conocimiento. En esta trama, los principios y criterios evaluativos no son universales, sino que deben construirse colectivamente en función del contexto y los actores involucrados.

Durante la virtualización forzada de la enseñanza por la pandemia de COVID-19, emergieron preocupaciones ligadas al control de los aprendizajes: garantizar autoría, evitar copias y certificar logros. Si bien legítimas, estas inquietudes pueden reducir la evaluación a un mecanismo de vigilancia, desplazando la comprensión del aprendizaje como proceso (Ardoino & Berger, 1998). Tal sesgo de control genera riesgos: atomización del saber, incremento de ansiedades evaluativas y adopción de liderazgos autoritarios en la enseñanza.

Para transformar las prácticas, se propone un instrumento de reflexión que aborde preguntas clave desde las tres perspectivas mencionadas:

  • En lo técnico-instrumental: ¿Qué habilidades cognitivas promueve la evaluación? ¿Cómo se construyen y comunican los criterios?

  • En lo psicosocial: ¿Qué modelo de liderazgo se ejerce? ¿Se fomenta la participación y el diálogo?

  • En lo emocional: ¿Qué emociones predominan en las instancias de evaluación y cómo se gestionan?

Repensar la evaluación implica desplazarla del terreno exclusivo del control hacia el de la comprensión, considerando al sujeto evaluado como pensante, social y emocional, y reconociendo la singularidad de cada situación. Ello requiere pasar de un enfoque normativo y prescriptivo a uno contextualizado y comprensivo, que capture la idiosincrasia de cada escenario de enseñanza y aprendizaje.

En síntesis, evaluar no es solo medir, sino interpretar y acompañar procesos. Esta mirada compleja invita a docentes y equipos educativos a construir propuestas evaluativas que integren lo técnico, lo social y lo emocional, tanto en la presencialidad como en la virtualidad, para que la evaluación deje de ser una instancia de temor y se convierta en una oportunidad de aprendizaje transformador.

Referencias

  • Ardoino, J. (2005). Análisis multirreferencial. Buenos Aires: Noveduc.
  • Ardoino, J., & Berger, G. (1998). La evaluación: Un campo de controversias. París: De Boeck Université.
  • Black, P., & Wiliam, D. (2009). Developing the theory of formative assessment. Educational Assessment, Evaluation and Accountability, 21(1), 5-31.
  • Camilloni, A. (1998). La evaluación de los aprendizajes en el debate didáctico contemporáneo. Buenos Aires: Paidós.
  • Di Matteo, M. (2020). Evaluación educativa: Perspectivas situadas. Córdoba: Editorial Brujas.
  • Morin, E. (1994). Introducción al pensamiento complejo. Barcelona: Gedisa.
  • Souto, M. (2016). Didáctica de orientación clínica. Buenos Aires: Paidós.

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Gualberto Tein

Pedagogo, miembro de la comunidad Microsoft Partners in Learning/Microsoft Partner Network y Open Source Initiative. Especialista en Seguridad Informática, Tecnología Educativa, Gestión y Diseño de Proyectos Educativos.

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Este blog articula una serie de reflexiones en torno a las Ciencias de la Educación, con el propósito de fomentar un análisis crítico que redunde en la optimización de la calidad educativa. Se aspira a que estas consideraciones, concebidas como una modesta contribución, puedan coadyuvar a la construcción de un futuro más promisorio, objetivo compartido por la comunidad educativa.

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