Resumen
Las vacaciones escolares suelen ser concebidas como un período de interrupción del aprendizaje formal; sin embargo, las investigaciones pedagógicas y neuroeducativas más recientes coinciden en que este tiempo constituye una oportunidad estratégica para el desarrollo integral de los niños de primaria. El presente artículo analiza, desde un enfoque pedagógico actualizado, qué tipo de actividades deberían realizar los niños durante las vacaciones para potenciar aprendizajes cognitivos, socioemocionales y creativos, evitando tanto la sobrecarga académica como la desconexión educativa. A partir de teorías contemporáneas del aprendizaje significativo, el aprendizaje basado en experiencias, la educación emocional y la neuroeducación, se sostiene que las vacaciones deben entenderse como un espacio de aprendizaje expansivo, contextual y formativo, donde la curiosidad, el juego, la exploración y la vida cotidiana se convierten en ejes pedagógicos centrales.
Palabras clave
Vacaciones escolares, educación primaria, aprendizaje significativo, educación emocional, pedagogía contemporánea.
El aprendizaje infantil no se limita al espacio escolar ni al calendario académico. Las teorías actuales coinciden en que los niños aprenden de manera continua, especialmente cuando interactúan activamente con su entorno. Desde esta perspectiva, las vacaciones no deben reducirse a un tiempo de pasividad ni transformarse en una extensión rígida de la escuela, sino asumirse como un período pedagógicamente valioso para consolidar y ampliar aprendizajes desde experiencias significativas. Bruner (1996) sostiene que el aprendizaje ocurre cuando el niño construye sentido a partir de la experiencia, lo que convierte a la vida cotidiana en un escenario educativo privilegiado.
Una de las tendencias más sólidas es el aprendizaje basado en experiencias y proyectos personales, donde los niños investigan temas de su interés, observan la naturaleza, exploran su comunidad o desarrollan pequeños proyectos familiares. Estas actividades fortalecen la curiosidad epistemológica y el pensamiento crítico incipiente, respetando los ritmos propios de la infancia. Desde la neuroeducación se ha demostrado que la emoción y el significado personal potencian la memoria y la comprensión profunda, especialmente en contextos no formales (Immordino-Yang & Damasio, 2007).
El juego continúa siendo una actividad central durante las vacaciones, pero no como mero entretenimiento, sino como herramienta pedagógica fundamental. Vygotsky (1978) evidenció que el juego simbólico y cooperativo favorece el desarrollo del lenguaje, la autorregulación y el pensamiento abstracto. Juegos de mesa, desafíos lógicos, dramatizaciones, construcción con materiales reciclados o actividades físicas colaborativas permiten desarrollar habilidades cognitivas y sociales sin recurrir a esquemas escolares tradicionales.
Asimismo, las tendencias actuales enfatizan el desarrollo socioemocional como eje del aprendizaje vacacional. Las vacaciones ofrecen un contexto propicio para fortalecer la convivencia familiar, la empatía, la responsabilidad y la autorregulación emocional. Actividades como la lectura compartida, el diálogo sobre emociones, la participación en tareas del hogar o acciones solidarias adaptadas a la edad favorecen competencias emocionales clave para el bienestar y el aprendizaje futuro (Bisquerra, 2009).
Otro aspecto relevante es el uso educativo y regulado de la tecnología. Lejos de una prohibición absoluta o del consumo pasivo, se promueve un uso creativo y reflexivo de herramientas digitales: creación de relatos digitales, registro audiovisual de experiencias, exploración guiada de contenidos culturales o científicos. Estas prácticas fortalecen competencias digitales tempranas y pensamiento crítico, siempre que exista acompañamiento adulto.
Las actividades artísticas ocupan también un lugar central en las recomendaciones pedagógicas contemporáneas. La música, el arte, la escritura creativa y la expresión corporal favorecen la creatividad, la identidad y la expresión emocional, aspectos fundamentales en la niñez. Las artes permiten integrar emoción, cognición y cultura, configurándose como un lenguaje educativo transversal.
En conjunto, las tendencias actuales coinciden en que las vacaciones deben equilibrar libertad, intencionalidad pedagógica y sentido, evitando tanto la escolarización excesiva como la desconexión formativa. El rol de la familia y de la comunidad es clave para generar ambientes ricos en estímulos, diálogo y experiencias compartidas que favorezcan aprendizajes duraderos.
Conclusiones
Las vacaciones escolares, desde una mirada pedagógica contemporánea, no representan una pausa del aprendizaje, sino una oportunidad para ampliar y profundizar el desarrollo integral de los niños de primaria. Las evidencias teóricas y empíricas indican que las actividades vacacionales más valiosas son aquellas basadas en la experiencia, el juego, la exploración, la educación emocional, el arte y el uso significativo de la tecnología. Asumir las vacaciones como un tiempo educativo no implica reproducir la lógica escolar, sino reconocer que aprender es una experiencia vital, continua y contextual. En este sentido, diseñar experiencias vacacionales con sentido pedagógico contribuye a formar niños más curiosos, autónomos, emocionalmente competentes y comprometidos con su entorno.
Referencias
Bisquerra, R. (2009). Educación emocional y bienestar. Barcelona: Praxis.
Bruner, J. (1996). The Culture of Education. Cambridge: Harvard University Press.
Immordino-Yang, M., & Damasio, A. (2007). We feel, therefore we learn: The relevance of affective and social neuroscience to education. Mind, Brain, and Education, 1(1), 3–10.
Vygotsky, L. S. (1978). Mind in Society: The Development of Higher Psychological Processes. Cambridge: Harvard University Press.
¿Qué tan útil fue esta publicación?
¡Haz clic en una estrella para calificarla!
Calificación promedio 5 / 5. Votos: 1
¡Sin votos todavía! Sé el primero en calificar esta publicación.











